“La Alianza Bolivariana” como aliado principal de los musulmanes

Опубликовано: 30.01.2015

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Los planes para la construcción de un nuevo canal entre los océanos Atlántico y Pacífico en el continente americano permanecieron pendientes durante mucho tiempo. Esto se debió al hecho de que la única vía marítima de este tipo estaba en Panamá. Este país depende de tal manera de Estados Unidos, que ni siquiera tiene su propia moneda nacional, y en su lugar, desde hace décadas circula el dólar estadounidense.

Uno de los países más adecuados para realizar ese proyecto grandioso, puesto en marcha desde el pasado mes de diciembre es Nicaragua. Por una parte, este país tiene costas en los dos océanos, y además, en su interior, se encuentra el lago más grande de Centroamérica, lo que en gran medida, facilitará la construcción del nuevo canal interoceánico. Pero lo más importante, es que el gobierno de Nicaragua no está en manos de fuerzas políticas pro-estadounidenses. En consecuencia, fue natural que el presidente de Nicaragua Daniel Ortega invitara a China, junto con Brasil, y Rusia a participar en el proyecto. Esto ha sido interpretado por Washington como una amenaza directa a sus intereses, ya que el nuevo canal marítimo puede poner fin al monopolio que actualmente posee EEUU al controlar el Canal de Panamá.

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Debido a que EE.UU quedó prácticamente sin ningún mecanismo de presión contra Nicaragua, la única opción aplicada por la Casa Blanca es rodear al país con regímenes hostiles. Durante la administración del presidente George. W. Bush, EEUU prestó poca atención a sus vecinos del sur, porque el vector principal de la agresión estadounidense estaba dirigido hacia Oriente Medio. De esta manera, “La Alianza Bolivariana”, como único rival digno de EE.UU. en sus fronteras del sur, pudo sacar cierta ventaja. Además de Venezuela, Cuba y Nicaragua, a la alianza Bolivariana también entró Bolivia y Ecuador. La influencia de la alianza aumentó significativamente en Guatemala, El Salvador, e incluso en Honduras, un país tradicionalmente pro-estadounidense. Y eso sin mencionar el cambio de dirección estratégica en países como Brasil, Argentina, Chile, Perú, Uruguay, es decir, en la mayoría de países de América del Sur.

Pareció que faltó muy poco para que la hegemonía estadounidense llegara a su fin en esa región. Pero el nuevo curso de política exterior hacia el Pacífico, emprendido por el presidente Barack Obama, permitió a la Casa Blanca emprender una contraofensiva importante.

Así, en 2009 tuvo lugar un golpe militar en Honduras, y como resultado, el vector político de ese país emprendido por el presidente derrocado, de nuevo tomo rumbo hacia Washington. En 2011, fuerzas pro-estadounidenses llegaron al poder en Guatemala, esta vez, sin la participación de los militares.

La nueva contraofensiva destinada a fortalecer la influencia estadounidense en la región se extendió a otros países centroamericanos. A principios de febrero de 2014, tuvieron lugar elecciones presidenciales en dos países vecinos a Nicaragua – El Salvador y Costa Rica. En cuanto a El Salvador, el candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) Salvador Sánchez Cerén, ganó por estrecho margen los comicios en la segunda ronda frente al candidatro del partido Alianza Repúblicana Nacionalista (ARENA), que contó con el apoyo de la Casa Blanca. Según expertos el nuevo gobierno puede tener una gestión complicada porque en gran medida los salvadoreños están vinculados económicamente a EE.UU.

En Costa Rica, la Casa Blanca logró afianzar su control, ya que en la segunda ronda pasaron ambos candidatos favorables a Washington, mientras a que el candidato “bolivariano”, de repente quedó relegado al tercer lugar. En este sentido, es importante destacar el hecho de que Costa Rica es el país más cercano a la zona donde pasará el futuro canal de Nicaragua. También entre los dos países hay litigios sobre la delimitación de sus fronteras. Todas estas circunstancias justifican ciertas preocupaciones sobre el futuro de las relaciones entre los dos vecinos.

Además de Costa Rica, Honduras y Panamá, cabe señalar que bajo el control de Washington se encuentra Surinam y, también Colombia, la mayor esperanza de la Casa Blanca. Este país cuenta con el mayor potencial entre el resto de países del “protectorado pro-estadounidense”. Precisamente con Colombia en 2009, Washigton firmó un acuerdo sobre el establecimiento de siete bases militares estadounidenses. Además este país limita con Venezuela, que representa la mayor amenaza para la Casa Blanca.

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Venezuela se diferencia del resto de países de la zona por ciertos parámetros, pero los principales son: sus enormes reservas de petróleo y su poderoso potencial militar. Todo esto se impone en el abierto curso anti-estadounidense que desde hace tiempo desarrolla ese país. Tal vez por ello, no es casual que Venezuela haya quedado al margen de los ataques emprendidos por Washigton en la región. Inicialmente, como resultado de un plan preestablecido, la sospechosa enfermedad y muerte de uno de los principales líderes “bolivarianos”, el presidente venezolano Hugo Chávez. Posteriormente, el recién elegido presidente Nicolás Maduro que actualmente afronta grandes problemas políticos internos. Después de un líder tan carismático como Chávez, retener el poder en el pais es una tarea muy difícil. Pero es doblemente complicado cuando la desestabilización comienza desde fuera y desde el interior del país.

El nuevo agravamiento de la situación que comenzó recientemente en Venezuela, es una prueba de ello, y en este caso, el factor interno puede desempañar un papel muy destructivo. Suficiente recordar que en su tiempo (2002), los golpistas pudieron derrocar temporalmente al mismo Chávez. Y aunque el amotinamiento pudo ser liquidado, no obstante demostró hasta qué punto son fuertes las fuerzas pro-estadounidenses en ese país. Además, existe una “quinta columna” reforzada por paramilitares colombianos entrenados en bases especiales en Miami y con experiencia de combate en su país.

Además de esto, contra Venezuela ha comenzado un ataque económico. Círculos bancarios nacionales, contrabandistas colombianos y saboteadores de todo tipo – con el apoyo de determinados medios de información frecuentemente siembran el pánico entre la población. Al mismo tiempo (a la luz de los acontecimientos en Ucrania), es notable hecho de que uno de los principales grupos antigubernamentales juveniles en Venezuela se denomine “Narodnaya Volya”, y activistas de la oposición en Internet demuestren activamente su “solidaridad a sus colegas ideológicos en Kiev”. En muchos aspectos, esta situación recuerda la que ocurrió en Irán, cuando hubo un intento de revolución “de color”, conocida como “revolución verde”. ¿Podrá Venezuela contener el poderoso ataque de su vecino del norte, como pudieron hacerlo los iraníes en 2009? De esto depende en gran medida en el futuro no sólo de Venezuela, sino también de toda la “Alianza Bolivariana”.

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Probablemente, alguien puede plantear la pregunta: “¿Es importante para nosotros los asuntos tan lejanos de venezolanos, nicaragüenses y salvadoreños?” ¡Por supuesto que es importante! Desde el punto de vista geopolítico, los procesos que tienen lugar incluso en las regiones más remotas puede tener el efecto más directo sobre nosotros. Especialmente en el mundo de hoy, estrechamente entrelazado por vínculos recíprocos. Más aún, porque precisamente la actividad de la “Alianza Bolivariana” de cierta forma obligó a los estadounidenses a retirar sus tropas de Oriente Medio. Es decir, la retirada de Irak y Afganistán es una consecuencia directa de la actividad “bolivariana”.

No debemos olvidar que el fallecido Hugo Chávez, en la medida de lo posible, siempre apoyó a los iraquíes, palestinos y otros luchadores contra la ocupación. Todo esto demuestra el hecho de que nuestros aliados de la “Alianza Bolivariana” son parte integral e importante de la resistencia total contra el imperio norteamericano.

Agencia de estudios geopolíticos “Manara”

Muslim Politic

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