Los golpes de estado en Chile y Egipto: imágines de espejo de procesos políticos internos

Опубликовано: 11.05.2015

El siglo XX fue testigo de muchos golpes de estado en el que los militares derrocaron a gobiernos legítimos y tomaron poder en sus manos. Especialmente frecuentes, este tipo de asonadas ocurrieron en Asia, África y América Latina, donde los militares siendo la fuerza más organizada con acceso a las armas, pudieron usurpar y conservar el poder.

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En Oriente Medio, las dictaduras militares fueron una etapa en el desarrollo de los estados después de la victoria de los movimientos de liberación nacional en su lucha contra el colonialismo. En muchos países árabes, los militares pudieron encabezar esta lucha y convertirse en una especie de “libertadores” de sus pueblos ante el régimen colonial.

Los métodos de gobierno autoritarios practicados en Egipto, Siria, Irak, Argelia y otros países árabes ocurridos entre los años 1950-1070, fueron considerados como una necesidad temporal.

A finales de los siglos XX-XXI pareció que los regímenes militares concluyeron su periodo de existencia natural en los países musulmanes. Sobre todo después de los acontecimientos ocurridos en la “Primavera Árabe”, que marcaron uno de los golpes más contundentes contra las posturas de los militares en la historia.

No obstante, los recientes acontecimientos ocurridos en Egipto demostraron que todavía es prematuro desechar del escenario político a los militares, porque están en capacidad defender sus posturas propias en el sistema estatal. Incluso actuando con esquemas ya obsoletos como los golpes militares.

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En cierta forma, muchos golpes de estado se parecen el uno con el otro. Entre ellos hay golpes famosos y en determinada forma, desde el punto de vista simbólico, hasta importantes. El golpe militar perpetrado en Egipto en el verano de 2013, recuerda el golpe en Chile ocurrido hace 40 años, en septiembre de 1973, y que concluyó con el derrocamiento del presidente Salvador Allende, elegido legítimamente en las urnas.

En los años 1960-1970, tanto los socialistas en el poder en América Latina, como los partidos políticos islamistas en el Oriente Medio moderno fueron igualmente indeseables para los círculos de la derecha de EEUU (en su mayoría aglutinados en el partido republicano).

En los comicios de 1970 el socialista moderado Salvador Allende obtuvo una reñida victoria superando a sus dos rivales por tan solo el 1,5% y el 8% de los votos, respectivamente.

De la misma forma, con un margen muy estrecho el egipcio Mohamed Mursi aventajó a su rival Ahmed Shafic en los comicios de 2012, y ganó con el 51,73% de los sufragios contra el 48,27%. De esta forma, en ambos casos, al menos la mitad de la población no votó a favor del candidato vencedor.

En lo que respecta al parlamento, los socialistas chilenos no eran mayoría y tenían un margen de maniobra más estrecho que los Hermanos Musulmanes egipcios que si contaban con una buena representación en los órganos legislativos.

De forma similar a Egipto, la situación económica en Chile en ese entonces era muy complicada; altos ritmos de inflación y las medidas del nuevo gobierno relacionadas con la nacionalización originaron mucho disgusto entre las élites y determinados círculos de la población.

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También como en Egipto, en vísperas del golpe militar, en Chile ocurrieron huelgas y manifestaciones masivas y como Mursi, Allende también fue acusado de intentos de usurpación del poder y de poner en marcha formas de gobierno autoritarias.

Un detalle interesante es que tanto Mursi como Allende nombraron a los futuros golpistas, Abdefaltah Al Sisi y Augusto Pinochet fueron respectivamente, ministros de Defensa en Egipto y Chile.

Como en Egipto, los militares chilenos de destacaron por su crueldad para reprimir la oposición. En el primer mes después del golpe en Chile, fueron asesinadas miles de personas. Es verdad que los militares egipcios no optaron por la vía de fusilamientos masivos y campos de reclusión, pero la represión en el país de las pirámides tuvo un carácter más blando y notablemente amplio.

Así, únicamente en un día, el 14 de agosto de 2013, durante la dispersión de una manifestación de apoyo al derrocado presidente Mursi según diversas fuentes, murieron entre 600 y 800 personas.

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A pesar de los mitos existentes sobre el milagro económico chileno, el gobierno de Pinochet estuvo marcado por un fuerte descenso económico, éxodo de profesionales altamente calificados y recesión en muchos sectores económicos.

Por ejemplo, la inflación en los primeros años después del golpe alcanzó niveles récord muchos más altos que durante la corta administración del gobierno de Allende.

Las libertades políticas en Chile fueron limitadas considerablemente. Y lo más notable, aquellos que criticaron y después aplaudieron el derrocamiento de Allende, quedaron en condiciones peores que antes del golpe.

Otra interesante coincidencia es el hecho de que muchos representantes de la socialdemocracia que en un inicio apoyaron a Allende después lo rechazaron y apoyaron el golpe.

Incluso al final, algunos pasaron a la oposición al régimen de Pinochet y fueron reprimidos.

De hecho, de la misma manera actuaron en Egipto los denominados salafitas del partido Nur, que en un principio, en la segunda ronda de los comicios presidenciales votaron a favor de Mursi, y después en 2013, prácticamente apoyaron el golpe militar.

Finalmente, se puede considerar que otra semejanza fue que la propaganda del régimen de Pinochet presentó el golpe en Chile como una victoria contra la confabulación comunista, y en Egipto Al Sisi se autocalificó como la salvación del país frente al “radicalismo musulmán”, a pesar que es evidente que como socialdemócrata, Allende nunca fue comunista y Mursi, político moderado, no tuvo nada en común con las agrupaciones radicales y extremistas.

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De esta forma, en general, el escenario chileno para el derrocamiento de las fuerzas políticas del poder con ayuda de los militares en medio de problemas económicos, sociales y políticos, con ciertos matices puede comparase con los acontecimientos egipcios del verano de 2013.

En Chile, los militares permanecieron en el poder 17 largos años. En Egipto, el gobierno castrense ya comenzó una segunda ronda. El factor de cansancio de la población a consecuencia de las convulsiones ocasionadas por la “Primavera Árabe”, juega a favor los generales a pesar de las duras medidas emprendidas contra los oponentes políticos, los militares intentan convencer a los egipcios de que solamente ellos pueden garantizar el orden y la estabilidad.

¿Cuántos años será Egipto un estado controlado por oficiales? Actualmente, responder a esa pregunta es evidentemente muy complicado…

Gumer Isáyev, candidato Ph. D en Ciencias Históricas

Muslim Politic

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