Elecciones en Turquía: marcha triunfal de Erdogan

Опубликовано: 28.06.2018

Tras el recuento de los votos, en las elecciones en Turquía el pasado 24 de junio, quedó claro que el presidente, Recep Tayyip Erdogan, ganó de forma contundente tanto los comicios presidenciales como las elecciones parlamentarias. Y esto significa no sólo la continuación del actual curso político del país, sino también de un notable fortalecimiento del actual gobierno…

Erdogan obtuvo más del 52% de los votos, mientras que el rival más próximo, el candidato del opositor “Partido Republicano del Pueblo” (CHP) Muharrem Ince consiguió cerca del 31%. El candidato kurdo, Selahattin Demirtas, que permanece detenido – un poco más del 8%.

Al comentar su victoria, Erdogan declaró: “El 90% de participación – es un récord, una señal y una lección de democracia para todos. La población expresó su voluntad. Es necesario poner fin a toda la tensión que hubo durante la campaña electoral y continuar hacia adelante con determinación. Confío en que nadie intentará ensombrecer nuestro sistema electoral y causar daños para ocultar su derrota”.

Durante la campaña electoral, Erdogan destacó los cambios positivos ocurridos en el país, tras la implementación de la política de sustitución de las importaciones para la defensa. Según el presidente, durante 16 años, los proyectos en este campo aumentaron de 66 a 600, y su valor total ascendió a $ 43 mil millones de dólares. En la actualidad, la participación de la producción nacional en la estructura del complejo militar-industrial de Turquía es del 65%, mientras que en 2002 esa cifra apenas equivalía al 20%. En general, Erdogan prometió que Turquía ocupará un lugar destacado entre las potencias mundiales.

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Por su parte, entre sus promesas de campaña, el candidato opositor Muharrem Ince destacó en primer lugar la abolición del estado de excepción en el país, en vigor casi dos años. También prometió prestar atención a la problemática kurda y restablecer las relaciones diplomáticas con Siria. Otras fuerzas opositoras también resaltaron el empeoramiento de la situación en materia de seguridad alimentaria.

No es casualidad que los expertos occidentales consideren que la victoria del actual gobierno en Turquía no resolverá los problemas acumulados en su economía, entre ellos, la alta tasa de inflación (12%), la devaluación de la lira turca y la presencia en el país de cuatro millones de refugiados. El 21% de la población turca vive por debajo del umbral de la pobreza, y la tasa de desempleo es superior al 11%. Según los economistas, los últimos años, el gobierno turco apostó “por el crecimiento económico a cualquier precio”. Y esto significa “utilizar a fondo todas las posibilidades de los tipos de interés, es decir, implementar una política monetaria donde el crecimiento económico está por encima del control de la inflación”.

Según el rotativo The National Interest, el problema radica en que Ankara intenta conservar el ritmo de su crecimiento económico en condiciones cuando La Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco Central Europeo restringen su política monetaria. Esto significa un incremento de las tasas de interés a los préstamos, a pesar de que actualmente equivalen al 17,75%. Es probable que la economía turca obtenga un rendimiento significativo durante un año fiscal, pero después, Ankara puede afrontar graves complicaciones.

Precisamente la economía puede convertirse en el mayor problema de Turquía. Cada vez es más fuerte la presión inflacionaria y el déficit en cuenta corriente sigue creciendo. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía de Turquía es muy vulnerable, pues depende de la financiación exterior, sus reservas de divisas son limitadas, la dependencia del capital a corto plazo aumenta, y el nivel de exposición del riesgo cambiario sigue siendo alto. En marzo de 2018, la agencia internacional de riesgo Moody’s rebajó la calificación de Turquía de Ba1 a Ba2 y mantuvo la perspectiva negativa.

Por lo tanto, algunos expertos consideran que el presidente Erdogan, “ha puesto en marcha un gran juego de azar en el que los inversionistas corren un gran riesgo. Parece que Turquía avanza hacia una grave crisis económica, cosechando los frutos de sus propias decisions”.

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Y no obstante, la mayor parte de la prensa considera que después de las elecciones, Erdogan pudo reforzar su posición más que nunca, y se ha convertido en un “Sultán con atribuciones ilimitadas”. Ahora, puede ser elegido dos veces a mandatos de cinco años, puede disolver el parlamento sin motivos especiales y convocar elecciones anticipadas. Además, fue abolido el cargo de primer ministro, y su lugar será ocupado por viceprimeros ministros (designados) que no estarán supeditados al parlamento sino al presidente, que por su parte, desempeñará de forma simultánea las funciones de Jefe de Estado y presidente del poder ejecutivo.

Además, los diputados de la “Gran Asamblea Nacional de Turquía” aumentó a 600 personas, y a esa corporación pueden ser elegidos candidatos a partir de los 18 años. En el órgano legislativo turco la mayor parte de los escaños pertenecen al “Partido de la Justicia y el Desarrollo” (AKP) y sus aliados del “Partido del Movimiento Nacional” (MHP). Agrupados en la denominada “Alianza Popular”, estos dos partidos obtuvieron más del 53% de los votos, por lo que van a controlar más de 340 escaños y formar un nuevo gobierno.

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¿Y qué se puede esperar de Turquía los próximos años? Lo más probable es que Ankara continúe su curso de posicionamiento como potencia regional maniobrando en medio de los principales jugadores geopolíticos, y poco a poco reforzar sus posiciones en donde sea posible.

En primer lugar, y evidentemente, en la vecina Siria y en Irak, ya que el gobierno turco podrá continuar su lucha contra el “Partido de los Trabajadores del Kurdistán” (PKK) y sus filiales, “en los confines más apartados de su defensa”. Es importante recordar que hasta hace poco tiempo, ésta guerra se desarrollaba directamente en el territorio turco – en aquellas provincias donde los kurdos constituyen la mayoría de la población. Por lo tanto, para las autoridades turcas la situación actual es un éxito rotundo. Al mismo tiempo, Ankara se ha “atrincherado” en estos países – creando centros de control (como en Siria), o estableciendo bases militares (en Irak).

Además de estos dos países, Turquía ha reforzado su influencia en Qatar – su principal aliado ideológico (ambos países apoyan el movimiento “Hermanos Musulmanes”). Por otra parte, los militares turcos emplazados en su recién creada base militar, de hecho, salvaron a Doha de una posible invasión emprendida por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes. En esta situación, Ankara, por supuesto, cuenta con una gran simpatía en Qatar. Por lo tanto, a menos que ocurra algo extraordinario, Turquía continuará reforzando estas relaciones, y posiblemente, aumentará el número de su contingente militar en Qatar.

Otros países con los que Turquía tiene cierta influencia, son Azerbaiyán, Somalia y Sudán. En estos dos últimos, Ankara intenta reforzar el componente militar y es probable que tendrá éxito. Por otra parte, es posible que otros países acepten en sus territorios bases turcas. Sin embargo, esta política puede enfrentar a Turquía con el llamado “Cuarteto Árabe” – Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Bahrein y Egipto. Sin embargo, las autoridades turcas maniobran con mucha habilidad y procuran establecer buenas relaciones con ese bloque, especialmente con los saudíes.

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Pero si Ankara intenta reforzar sus posiciones en Europa – por ejemplo, en Bosnia o Albania, surgirá una reconsideración de las relaciones con el Viejo Continente, pues es poco probable que Europa asuma una postura pasiva ante esas iniciativas turcas. Sobre todo porque algunos países, principalmente Alemania y Austria, pueden adoptar posturas de rechazo muy firmes.

Al respecto, los próximos años pueden traer muchas sorpresas. Y por el momento, es muy difícil pronosticar si serán favorables o, por el contrario, conducirán un agravamiento de la situación.

Muslim Politic, con materiales publicados por medios de prensa turcos y estadounidenses

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