Enroque político en el Departamento de Estado de EEUU: ¿Qué aportará la CIA a la diplomacia?

Опубликовано: 19.03.2018

Según los expertos, la renuncia de Rex Tillerson como secretario de estado indica con alto grado de probabilidad que Washington abandonará el acuerdo nuclear suscrito con Irán. Y esto, a su vez, aumentará el riesgo de una nueva confrontación militar en el Medio Oriente …

Comentando esa renuncia, el ex vicepresidente de EEUU, Joe Biden afirmó que “ocasionará problemas al acuerdo nuclear.” Y destacó que Tillerson, en cierta medida, contribuyó a que la Casa Blanca aceptara el acuerdo con Irán.

En éste sentido, representantes del “Fundación Nacional para la Democracia” aseguraron que: “El nombramiento de Mike Pompeo como jefe del Departamento de Estado disipa todas las dudas acerca de las intenciones de Donald Trump. Transcurridos apenas dos meses, el presidente estadounidense impuso nuevas sanciones económicas contra Irán.” Pronósticos similares ya se han cumplido – según recientes informaciones, el jefe de la Casa Blanca prolongó por otro año las sanciones contra Irán.

Es importante destacar que funcionarios militares y de inteligencia de EEUU recomiendan abstenerse de una ruptura del “acuerdo nuclear”. En su opinión, el acuerdo suscrito con las autoridades iraníes es provechoso. Así, el jefe del Comando Conjunto Central, y jefe de las fuerzas estadounidenses en el Medio Oriente, el general Joseph Votel, advirtió sobre las posibles consecuencias de esa ruptura. El general hizo hincapié en que, “ya existe un acuerdo conjunto global para neutralizar las amenazas planteadas por Irán, y si rompemos ese acuerdo, tendremos que encontrar otra manera de resolver ese problema.”

Los expertos señalan que en caso de una ruptura del acuerdo, Teherán no tendrá razones para mantener la moratoria a sus actividades para la creación de armamento nuclear. Simplemente, las autoridades iraníes expulsarán del país a los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y reanudará su trabajo en el campo nuclear.

Ante semejante perspectiva, EEUU e Israel pueden optar por la fuerza militar para evitar que Irán fabrique armas nucleares, o al menos, retrasar la creación de misiles balísticos en capacidad de portar ojivas nucleares.

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Durante mucho tiempo, los medios de prensa comentaron ampliamente la probable dimisión de Tillerson. Porque eran conocidas las discrepencias que tenía con Trump en asuntos importantes como:

— la regulación de situación en el Oriente Medio, incluido el conflicto árabe-israelí;

— el proceso de negociación con Corea del Norte;

— salida de EEUU del acuerdo sobre el clima de París;

— el proteccionismo comercial;

— el cierre del programa para refugiados.

Muy particular fué la reacción de Tillerson ante el llamado “caso Skripal” y su pleno respaldo a la primera ministra británica, Theresa May, en su “ataque diplomático” contra Moscú. Y esto, a pesar de que la Casa Blanca no ha había pronunciado ningún tipo de acusaciones directas contra Rusia.

El ex jefe del Departamento de Estado, de hecho, trató de mantener la línea del “Partido Demócrata”, dirigido por Hillary Clinton y Barack Obama. Probablemente, el nombramiento de Tillerson al cargo de Secretario de Estado fue un compromiso entre los republicanos que llegaron al poder y los demócrartas que pasaron a un segundo plano. Ahora, probablemente, ese compromiso llegó a su fin. Y la designación de Mike Pompeo a la jefatura del Departamento de Estado es una confirmación evidente.

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Pompeo es el típico funcionario de inteligencia “republicano” con acceso a asuntos de seguridad nacional de alto nivel. Aunque con ciertas particularidades. En primer lugar se afirma que es un pragmático, con una amplia experiencia en el trabajo operativo. En segundo lugar, es un experto muy competente en relaciones internacionales. Estos, y otros factores contribuyeron a que Pompeo fuera nombrado ministro de Asuntos Exteriores.

Pompeo también acaparó méritos ante Trump tras la investigación sobre la filtración de documentos confidenciales ocurridos en la sede de Clinton. Entonces, Pompeo, y otros funcionarios de inteligencia llegaron a conclusiones completamente diferentes a las expuestas por los demócratas. Según su versión, el servidor de los demócratas nunca fue vulnerado por ningún ataque de piratas informáticos, y toda la información fue filtrada por Julian Assange. Pero lo más importante de la investigación emprendida por Pompeo y sus hombres fue que las evidencias sobre la supuesta “huella rusa” en este asunto, fueron fabricadas por funcionarios de la sede Clinton.

Finalmente, no puede pasarse por alto los aspectos netamente económicos. Tillerson representa los intereses de sectores estadounidenses con importantes proyectos internacionales. Por ejemplo, la compañía Exxon Mobil, donde precisamente Tillerson trabajó como director ejecutivo.

En cambio, Pompeo se considera un representante del complejo de la industria militar estadounidense. En particular, nos referimos a Koch Industries Corporation, no tan conocida como Exxon, pero con ingresos superiores a $ 100 mil millones de dólares. Es importante destacar que la empresa Koch también se dedica a la explotación de petróleo (y mucha atención!) a la construcción de oleoductos. Esta es una circunstancia relevante porque es bien sabido que la mayoría de los conflictos y guerras ocurridas recientemente, entre otras causas, han sido consecuencia de luchas por el control de las rutas de petróleo y gas …

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¿Cuál será el rumbo que emprenderá la diplomacia estadounidense después de la renuncia de Tillerson y el nombramiento de Pompeo? Es evidente, que cualquier tipo de pronóstico implica factores y matices que a veces, no se tienen en cuenta o pasan desapercibidos. Y sin embargo, es posible esbozar algunos rasgos importantes de la nueva diplomacia estadounidense.

En primer lugar, hay que destacar el carácter exclusivamente “republicano” del nuevo jefe del Departamento de Estado. Y esto puede conducir a la revisión de elementos importantes de política exterior de EEUU que antes promovían los demócratas, como por ejemplo:

1) La presión política y económica contra Rusia;

2) En Israel el distanciamiento al gobierno de Netanyahu, y los intentos de promover en el poder a fuerzas israelíes más moderadas en remplazo de la derecha.

3) Neutralizar a Irán, y de paso, impedir su alineación con Moscú o Pekín.

4) Continuar con la “primavera árabe”, con el objetivo de derrocar los “régimenes antidemocráticos” en el mundo árabe-musulmán, repitiendo el escenario en Libia.

De hecho, la nueva administración estadounidense comenzó la revisión parcial de los puntos anteriormente mencionados al final de la presidencia de Obama. Sin embargo, esto no ocurrió con la claridad y rapidez que pensaba la Casa Blanca. Parece que ahora la situación ha cambiado.

Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que en el interior del poder republicano también existen fuerzas con ​direcciones diferentes. Más que todo, a la hora de establecer el lugar que debe ocupar EEUU en el mundo. Una parte de los republicanos considera que EEUU deben continuar con su política de globalización. Mientras que otros creen que ahora es el momento para el aislamiento. Una especie de catalizador de esta lucha interna es el yerno y asesor presidencial, Jared Kushner. Y por lo visto, hasta el momento, nadie ha obtenido la victoria definitiva en esta pugna entre bastidores.

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¿Cómo puede caracterizarse la nueva política exterior de EEUU? ¿A favor de Israel, contra Irán, pero no contra Rusia? Ante la estrecha alianza entre Moscú y Teherán como telón de fondo, es evidente que ese curso conduce a un callejón sin salida. Por supuesto, a menos que no ocurra algo extraordinario …

Muslim Politic con materiales de prensa rusa y estadounidense

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